Incluso cuando la vida de los humanos era simple, lo inexplicable empujó la necesidad de guías espirituales que dieran luces en el camino de lo desconocido, camino que con el paso del tiempo tiene más y más carriles, aún hoy cuando tenemos acceso a tanta información. Pero parte de la credibilidad de esos guías espirituales se sustenta en que no se comporten igual que quienes necesitan sus orientaciones y por ello se espera que sean sabios y mejores personas. Sin embargo, no siempre se cumple porque olvidamos, y recurrentemente, que son “personas”, y por ello el margen para que no resulten ni tan sabios ni tan puros, siempre es grande.
Dicen que el pez cae por la boca y mi abuelo Alberto Valencia decía que los hombres por la próstata, pero muchos...