Un amigo dice que en el nuevo retrato que acompaña mi columna en EL COLOMBIANO quedé con cara de maquinista. O de cliente que espera el tren.
Uno tiene la cara que puede, no la que quiere, pero ambas interpretaciones me enaltecen. Por lo demás, está claro que fotógrafo no da lo que natura no presta.
¿El nombre del amigo? Sí lo sé y sí lo digo: Jesús Amaya Alzate, abogado, octogenario de quince años, musicólogo, educador, conversador insomne, conservador insigne, católico de amarrar en el dedo gordo de los que hacen el bien sin mirar a quién, exfuncionario del Sena y un etcétera de aquí a Santa Rosa de Osos, su terruño.
Amaya Alzate, AA, adoptó el verbo que conjugaba el emperador Augusto, según cuenta en sus memorias misiá Margarita Yourcenar....