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Publicado el 30 de julio de 2021

López Obrador como empresario

Por Viri Ríos

Si Andrés Manuel López Obrador fuera un empresario, estaría al frente de empresas con ventas totales por la exorbitante cantidad de 83.000 millones de dólares y sería responsable de la generación de 5 de cada 100 empleos de México. Como empresario público, sus decisiones afectarían de manera directa el 10 % del valor total de la economía mexicana y de manera indirecta al resto.

Los temas más críticos que López Obrador estará enfrentando en los próximos años están relacionados con el hecho de que el presidente no solo es responsable de tres de las más grandes empresas de México, sino de redistribuir recursos en un país donde el 48 % de la población es pobre.

La principal empresa de López Obrador, Pemex, es por mucho el peor emprendimiento del Estado mexicano. Va peor que ninguna otra. Desde que López Obrador tomó el poder, la empresa ha acumulado pérdidas de al menos 856.000 millones de pesos (42.800 millones de dólares), lo que ha hecho que, para 2021, Pemex haya perdido su preeminencia como la empresa más grande de México, por primera vez en 45 años.

Una importante razón por la que la economía de Estado mexicana tiene resultados tan mixtos es la inconsistencia en la calidad de la toma de decisiones. López Obrador tiene dos personalidades contrapuestas para dirigirlas.

Sus dos lados llevan a resultados distintos. En su lado irracional, López Obrador no puede controlar su deseo de monopolizar la producción energética, aun si ello lo lleva a tener pérdidas significativas a corto plazo. Las malas decisiones acumulan pérdidas. En su lado social, el presidente muestra la mejor cara de sí mismo: un deseo por tener un impacto positivo para la clase trabajadora.

El gran problema de López Obrador es que es muy bueno administrando la bonanza, pero muy irracional aceptando la carencia.

Por supuesto que la labor de las empresas públicas no debe ser obtener utilidades altas, pero sí debe ser mantenerse vivas.

En general, como empresario, López Obrador debe invertir a largo plazo, pero con claridad respecto a cómo resolver los problemas del corto plazo. Ser un visionario, pero con un buen diagnóstico. Y, sobre todo, ser capaz de encontrar mecanismos para colaborar con la iniciativa privada, a fin de mejorar el acceso de todos los mexicanos a los servicios que ofrecen las empresas del Estado.

El tiempo de una división estricta entre lo privado y lo público ya terminó. Al frente de cualquier izquierda debe haber modelos mixtos que tomen lo mejor del mercado y del Gobierno al mismo tiempo

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