En estos días de vacaciones de Semana Santa nos quedamos con los abuelos dos maravillosas semanas. Mis papás son abuelos consentidores y divinos, de esos que dan chocolate, cuentan cuentos, hacen laberintos y ayudan a armar ciudades de lego. Mientras escribo esto mi papá busca canales de dibujos animados, y pelea con mi hijo por el control, que él a sus seis años maneja con más destreza que nadie en la casa. Entre un episodio y otro de Tom y Jerry ven transmisiones de ópera. Entonces mi papá le cuenta, como si fuera un cuento la historia de Carmen, cosa que de vez en cuando me hace mirarlo con reprobación, con esa cara de qué cosas le estás diciendo a mis hijos.
Nos fuimos de Venezuela hace casi dos años. Hasta entonces los abuelos eran parte...