Por FRANCISCO G. BASTERRA
Imágenes de barricadas o coches ardiendo, encapuchados, policías golpeando y lanzando gases lacrimógenos, mobiliario urbano volando e incluso edificios incendiados, en una gran ciudad, no digamos con el fondo urbano de París, son el sueño de todo director de periódico o telediario. Magnifican el acontecimiento y la revuelta urbana adquiere pronto la connotación de revolución en el imaginario global.
El “Arde París” salta a los titulares. En los países pobres, la subida del pan o el arroz provocan estallidos de cólera; en Francia, país símbolo de la prosperidad del primer mundo, con una protección social envidiable, la primera mecha fue hace un mes el incremento de los impuestos del gasoil.
Al combustible inicial se une...