Por Rogelio Vallejo Obando
Colombia debe seguir adelante con el proceso de desarme de los espíritus sublevados que van a incumplir su palabra de retirarse de la violencia. Afortunadamente es una minoría respecto a los que sí cumplen la palabra empeñada. El artículo 95 constitucional hay que hacerlo respetar por toda la institucionalidad: “La calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional. Todos están en el deber de engrandecerla y dignificarla. El ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades”.
Colombia no es ninguna “republiquita pintada a la pared” para que vengan desubicados a desafiarla. El tal video de los disidentes de las Farc es la muestra fehaciente de unos seres humanos muy equivocados en la forma de ejercer la Vida, están malbaratando sus Vidas. “No pueden borrar de la historia el esfuerzo generoso de reconciliación que hizo el país”, como elocuentemente lo expresó el editorial de EL COLOMBIANO del 30 de agosto de 2019. A esta linda tierra vinimos a sembrar la paz y la concordia entre los hombres. Puede sonar poético, pero a la vida hay que involucrarle poesía.