Lin-Manuel Miranda es una especie de mago. Vive en varios mundos a la vez.
Casi todas las noches lo puedes ver actuando en Broadway en la obra “Hamilton”, que él escribió. Y muchos días lo encuentras peleando por una isla, donde no nació, pero que le duele: Puerto Rico.
Puede saltar en el mismo día de su casa en Nueva York a la Casa Blanca en Washington, donde rapeó con el presidente Barack Obama. Y no tiene ningún problema en hablar conmigo en “spanglish” y brincar ágilmente de un idioma a otro. Miranda habita todos esos mundos.
Miranda, antes que nada, es un artista comprometido. Comprometido con su arte — se tardó siete años en escribir la obra “Hamilton”, que ha recibido un Pulitzer y un récord de 16 nominaciones a los premios Tony. Y comprometido...