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Los economistas no saben cuánto valdrá el dólar mañana

Los economistas no tenemos la más mínima idea de si el dólar va a subir o a bajar. Lo único que podemos decir con precisión es que el dólar vale hoy lo que se espera que valga mañana.

20 de junio de 2023
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  • Los economistas no saben cuánto valdrá el dólar mañana

Por Javier Mejía Cubillos - mejia@stanford.edu

Existe una experiencia que une a todos los economistas de Latinoamérica, desde el estudiante de primer semestre de la universidad más pequeña de la región, hasta aquel sentado en la más alta posición de la academia o la política internacional. Esta experiencia consiste en ser abordado por algún extraño que, al saber que uno es economista, pregunta si el dólar va a subir o a bajar.

Es algo irónico que esta sea la experiencia que nos identifica a los economistas, ya que aquella pregunta podría ser respondida tan, o más precisamente, por un ingeniero, un abogado, un payaso, o cualquier persona que supiera el valor actual del dólar. En otras palabras, los economistas no tenemos la más mínima idea de si el dólar va a subir o a bajar. Lo único que podemos decir con precisión es que el dólar vale hoy lo que se espera que valga mañana, ya que su precio actual aglomera toda la información relevante y promedia todas las expectativas que se tienen en este instante sobre su valor futuro.

La forma más sencilla de ver esto es pensar en el siguiente ejercicio: si hoy el dólar estuviera claramente subvalorado y los economistas pudieran decirle que mañana habría de estar más caro, todos aquellos que pudieran comprar dólares lo harían hoy mismo. Con esto, el precio del dólar subiría, dejando de estar subvalorado en este mismo momento. Por el contrario, si hoy el dólar estuviera claramente sobrevalorado y los economistas le dijeran que mañana debería bajar, habría un flujo masivo de venta de dólares, haciendo bajar su precio. Con esto, el dólar dejaría de estar sobrevalorado en este mismo instante.

Esta es la representación de una idea conocida como la hipótesis de los mercados eficientes. Esta idea parte de la premisa de que en un contexto competitivo todos los agentes están buscando ganar, por tanto, toda información útil para ganar es acogida e incorporada en las decisiones de aquellos. Puesto que los activos que se transan en los mercados adquieren su precio como producto de las decisiones de los agentes, si estos están compitiendo intensamente por aprovechar rentabilidades de comprar barato hoy y vender caro mañana, aquel precio de hoy debería capturar todo lo que les hace a ellos esperar que suba o baje mañana.

En este contexto, es imposible predecir acertadamente que el valor futuro de un activo será mayor o menor al presente si no se tiene información que el resto del mercado no tiene. Así, la hipótesis de los mercados eficientes solo es relevante en contextos donde se transan activos homogéneos, muy líquidos, y negociados por muchos agentes en ambientes con amplia información pública.

Por el contrario, en contextos donde los activos son bastante heterogéneos, los agentes son pocos, y cada uno de ellos sabe cosas sobre el activo que el resto no, los precios actuales pueden ser poco representativos de sus precios futuros. Por ejemplo, el valor de una finca concreta, que tiene un relieve particular y un clima específico, tendrá un valor diferente para cada una de las pocas personas interesadas en comprarla. Con un número suficiente de compradores y de vendedores de fincas relativamente parecidas, las valoraciones por aquella finca pueden converger a un número específico. Es decir, es posible que se construya un precio de mercado. Sin embargo, en este contexto, no sería extraño pensar que alguien puede conocer los atributos de aquella finca mejor que el resto y podrá inferir más precisamente si ese precio de mercado hoy está por debajo o encima del que será mañana. Por ejemplo, quizá pocos como él saben que buena parte del terreno se inunda con lluvias fuertes, por lo que pocos se pueden imaginar que el mercado pagará menos por la finca en la próxima temporada de lluvias.

Muchos analistas del mercado cambiario le dirán a usted que ellos son como ese experto que conoce la finca mejor que nadie más. Que solo ellos saben cómo reacciona el precio del dólar a eventos específicos. No obstante, el dólar en Latinoamérica es quizá el activo que más se aleja de los atributos de aquella finca particular. En los centros financieros de la región hay miles de personas que están comprando y vendiendo dólares en cada instante. Estos están tratando ferozmente de acceder a cada pieza de información existente para generar sus pronósticos, y los incentivos que tienen para hacerlo bien son gigantes. Por tanto, toda oportunidad de arbitraje es agotada rápidamente. No es de extrañar, entonces, que el mejor predictor de los pronósticos del valor futuro del dólar sea el valor presente de este.

Entonces, todo aquel que parezca convencido de saber si el dólar subirá o bajará es alguien que sabe muy poco de economía o que sabe lo suficiente, pero tiene algún tipo de razón para tratar de engañar a su interlocutor. Yo desconfiaría de ese tipo de personas.

Ahora bien, ¿qué le recomendaría yo a usted si quiere comprar o vender dólares? Le recomendaría que fuera coherente con sus expectativas. Es decir, si usted siente que es más pesimista respecto al futuro del país que el resto de la gente, compre dólares. El valor de estos subirá si las cosas van peor de lo que el mercado espera hoy. Si, por el contrario, usted siente que el resto de la gente está siendo muy pesimista y usted siente que el país irá mejor de lo que se espera, venda sus dólares. Si su intuición es cierta, el dólar eventualmente bajará y usted habrá reducido su pérdida. Esta estrategia no será más efectiva que decidir comprarlos o venderlos aleatoriamente, pero usted sentirá la satisfacción de recibir los beneficios o pérdidas de la precisión de su visión del mundo, lo cual es uno de los grandes privilegios de la libertad económica.

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