El triunfo de los estudiantes en las calles hay que celebrarlo. Y con entusiasmo. La fuerza de la movilización social responsable, dirigida y justa -que se intentó manchar con unos brotes de violencia que en nada respondían a los verdaderos intereses colectivos- es una muestra de la necesidad de una ciudadanía crítica y exigente. Es también una forma válida y democrática de pedir diálogo cuando las puertas están cerradas.
Tras más de dos meses de paro y una docena de reuniones fue evidente la urgencia de una adición presupuestal de 4,5 billones de pesos, en una movida que hay que reconocerles a las partes involucradas, aún cuando al Gobierno lo critiquen contradictores y algunos partidarios: los primeros porque consideran que lo ganado es poco...