En sitios escondidos de Turquía, Grecia e Italia están las tumbas sin nombre de 1.250 personas. Ahí reposan los cadáveres de hombres, mujeres y niños –bebés incluso- que perdieron la vida en los últimos dos años cuando buscaban de forma desesperada llegar a Europa para huirle a la guerra de Siria e Irak o a la inestabilidad del norte de África.
Las lápidas improvisadas –según narra trágicamente una reciente crónica de los periodistas de la BBC Vladimir Hernández y Nassos Stylianou– apenas refieren el lugar en el que fueron recogidos sus cuerpos en esa aventura infernal que se volvió paisaje en el Mediterráneo. Algunos les dejan flores a los muertos sin doliente presente. Otros, a su paso, apenas miran con vergüenza.
El 2 de septiembre del año...