Muchos colombianos consideran que la mayor tragedia democrática es que esta segunda vuelta haya quedado a merced de “los extremos” (si lo son o no, no es el asunto a discutir en esta columna). Ese panorama en blanco y negro ya se había vivido en nuestro país: somos altamente manipulables en términos electorales.
Un gran daño que se le ha hecho a la democracia en estas elecciones es deformar uno de sus pilares: el poderoso manifiesto que es el voto en blanco.
En Colombia, el triunfo del voto en blanco por la mitad más uno de los sufragios en primera vuelta tiene efectos administrativos: exige repetir la jornada electoral (recordemos las elecciones atípicas de alcalde en Bello, en diciembre de 2011, fruto del triunfo del voto en blanco en octubre...