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Rafael Isaza
Columnista

Rafael Isaza

Publicado el 18 de enero de 2020

Los nuevos gobernantes

Amable lector. Los que ocupan cargos públicos de administración, ministros, gobernadores, alcaldes o secretarios, de alguna manera, se asimilan a una locomotora que arrastra vagones con personas y carga. Mientras mayor capacidad tengan más cosas podrán mover; lástima que a muchos les falte energía.

Algunos seres humanos son parsimoniosos, valga decir, les da igual ir que venir, son inmutables, el paso del tiempo no les angustia. Otros, por el contrario, son ágiles, inquietos, todo lo quieren hacer de una. En nuestro medio los primeros son más comunes, los últimos son escasos.

Uno de los hermosos tangos de Gardel, dice: “Volver, con la frente marchita/ las nieves del tiempo platearon mi sien/ sentir que es un soplo la vida/ que veinte años no es nada...”. Para un buen gobernante cuatro años no es nada, pero para el que no lo es se convierte en una eternidad.

Un pueblo como el nuestro, donde hay tanta desigualdad, un funcionario mediocre o inepto, el daño que causa a la comunidad es enorme. También es preciso mencionar que muchos no tienen claro las funciones que les corresponden. Basta leer los numerosos nombres de los cargos que se han creado, para comprender que no es fácil saber cuál es la misión que deben cumplir.

Amigos que tuvieron un desempeño notable en los cargos que ocuparon, coinciden en afirmar que un funcionario eficiente mientras menos reuniones, comités o consejos realice, más tiempo le queda para hacer, hacer cosas, como solía decir el expresidente Carlos Lleras Restrepo. Al comenzar el día, mientras más temprano lo haga, llame en forma individual a cada subalterno y pregúntele qué hizo el día anterior y qué espera realizar en el que comienza.

La gestión de quienes ocupan cargos de importancia se mide por el promedio de sus subalternos y no por lo que él sea o crea que es. Tampoco se haga ilusiones que la gente lo recordará para siempre. Lo usual es que en pocos años nadie se acordará de usted; salvo que tenga un mal desempeño.

Hacer cosas con prontitud no significa hacerlas mal, es frecuente que mientras más se demoren peor quedan. Un buen ejemplo es el caso del narcotráfico que es el mayor problema de este país. Cuando se menciona el plazo para erradicar los cultivos de la coca, muchos piensan que se requieren tres años o más, sin embargo, unos pocos están seguros que con un manejo racional esta labor se puede realizar en un año, incluyendo un plan de restitución de cultivos. Entre más se aplace este manejo más incierto será el resultado final. Las batallas y las guerras las ganan los generales que actúan a tiempo, no los que se quedan pensando.

Un alcalde como el nuestro debería buscar unas pocas personas, que no sean políticos ni lagartos, capaces de hacer más digna la vida de la gente que habita en los barrios marginales. En cuatro años se podrían hacer milagros.

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