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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 05 de octubre de 2022

Los pies sobre la tierra

Hizo bien Álvaro Uribe, no solo en salirle al paso a la Comisión de la Verdad que circula como dogma y con el “imprimatur” del jesuita de Roux, sino en dialogar con Gustavo Petro. Las multitudinarias manifestaciones ciudadanas, la víspera del encuentro, contra algunas de las desmesuradas medidas del gobierno le sirvieron de respaldo para legitimar su presencia y sus observaciones a proyectos suicidas petristas contra la economía nacional.¿Se encargará la historia de darle la razón a Uribe, si Petro persiste en su carrera de lanzar el país al abismo?

Al presidente Petro ya no le luce el papel de promesero con el cual sacó sus ganancias electorales para llegar a la presidencia. Ser menos mesiánico y más consciente de que debe convencer, con hechos positivos, a la mitad de los votantes que no lo apoyaron en las elecciones pasadas y al número superior que se abstuvo de concurrir a las urnas. El país es un todo y el gobierno no es solo para operar en detrimento de los otros.

No puede continuar desbocado en una cascada de proposiciones, entre innovadoras y alucinantes, que no dan tiempo para discutirlas. Ponerle fin al desenfreno de hacerle creer al país que antes de él no había nada importante en 200 años de historia republicana. Que en Colombia todo era el caos. Y que la tomó en sus manos como si fuera el primer día de la creación.

Es ya tiempo de actuar como jefe de Estado, no haciendo de la política lo que, según Groucho Marx, es “el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y después aplicar remedios equivocados”. Eso solo contribuiría a crear a más confusión nacional.

Tiene Petro en su cabeza la meta de lograr la “paz total”, a cualquier precio, ofreciendo a los grupos delincuenciales de todos los pelambres unas gabelas que ni siquiera Juan Manuel Santos en su controvertido proceso de paz se atrevió a darles a los de las Farc. ¿Acaso esa dadivosidad sería bien vista por el país fatigado de mirar que la ley y la justicia se trituran cada vez más en aras de una paz que no llega, o por la comunidad internacional, no pocas veces alcahueta y sesgada, que podría aceptar un triunfo de la impunidad?

La presencia del expresidente Uribe en la Casa de Nariño para dialogar con Petro, seguimos creyendo, así sea discrepando de entrañables amigos tertuliantes, fue y seguirá siendo oportuna. Porque si el presidente con sus actitudes mesiánicas, arrogante y desafiante pone oídos sordos a las insinuaciones que le hace Uribe y, en vez de aplicar las tesis de la socialdemocracia, se va por el callejón populista, el país no solo fracasaría como nación en desarrollo socioeconómico con democracia, sino que Álvaro Uribe tendría argumentos para decirle a la opinión pública que aportó su buena voluntad para que Colombia fuera un país viable. Y así la historia se escribiría sin más renglones torcidos, como les gusta interpretarla a los cronistas de las extremas izquierdas 

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