Al tiempo que el ilustre poeta y novelista Sergio Ramírez se preparaba para recibir en Alcalá de Henares el Premio Cervantes de manos del rey Felipe VI, en Nicaragua los disturbios contra el gobierno de Daniel Ortega incendiaban el país, dejando un doloroso rastro de más de treinta muertos, cientos de desaparecidos y cárceles pobladas por manifestantes opuestos al corrompido régimen.
Para Ramírez, exmilitante de la revolución sandinista y uno de sus más importantes abanderados, además de vicepresidente de Nicaragua de 1988 a 1990, siendo Ortega presidente, este tiene que ser un momento especialmente agridulce.
Por un lado, él es el primer centromericano en recibir el más prestigioso premio de la lengua española. Merecido homenaje de la academia...