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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 11 de septiembre de 2021

Los precandidatos
y el surf

Surfear no es un deporte fácil. En California, este deporte está tan radicado en la cultura que los estudiantes pueden aprenderlo y practicarlo en los colegios. Allá los jóvenes aprenden a elegir una ola, a decidir si desean montarla a la derecha o a la izquierda, y luego navegarla en ángulo, manteniendo la tabla paralela a la orilla. Pero hay algo que ninguna escuela de surf puede enseñar: a construir olas. Un surfista que pretende construir una ola sería un absurdo. El pastor cristiano Rick Warren observa que muchos pastores se parecen a los surfistas descabezados que quieren construir las olas. Para él, el nacimiento y el florecimiento de una iglesia solo es el trabajo de Dios. Por eso, un pastor se tiene que enfocar, como los buenos surfistas, en reconocer y navegar las olas, es decir, las exigencias, necesidades, dolores de su comunidad. La metáfora no solo es apropiada para los pastores cristianos; vale también para los precandidatos presidenciales. Nos podríamos preguntar, ¿estos políticos son buenos surfistas?

Una manera de empezar a responder esta pregunta es observar su presencia y comunicación en las redes sociales, que son la nueva plaza pública donde hoy se construyen las narrativas y significados. Pero si este es el criterio, veo hasta el momento a más precandidatos preocupados en construir olas que en sintonizarse con ellas. Consideremos, por ejemplo, a Alejandro Gaviria, el último en unirse al baile de los precandidatos. Hay pocas dudas de que su trayectoria y su perfil intelectual no lo hagan un candidato atractivo. Considero que muchas de sus ideas serían un soplo de aire fresco y saludable. Pero desde el logo de su campaña —que parece una apreciable representación gráfica de un desafortunado trino de Fajardo—, hasta el discurso de sesenta puntos —demasiados para que podamos recordar lo esencial de lo que dijo—, Alejandro Gaviria da la impresión de estar enfocado principalmente en construir la ola del centro, que es un tema fascinante para una tertulia bogotana, pero que no interesa a la mayoría, que quiere cercanía y soluciones. Como me dijo un amigo en estos días, “Gaviria es un candidato demasiado gourmet”.

Quizás, hasta el momento, se destaca como mejor surfista Federico Gutiérrez, más cercano a las calles y a las periferias que a las tertulias elitistas, quien es hábil para visibilizar las inquietudes de las mayorías y, al mismo tiempo, articular mensajes de esperanza. Es el que más parece conectado con los problemas diarios de la gente común. Si algo, el pecado de Gutiérrez puede ser el quedarse surfeando las olas que le son familiares, sin arriesgarse con olas nuevas; por ejemplo, los temas que son fundamentales para las jóvenes generaciones —como la regulación de la marijuana—. Es también en la capacidad de demostrar apertura hacia temas emergentes donde Federico Gutiérrez se juega su candidatura. Hoy ganan más fácilmente quienes demuestran estar sintonizados con el sentir común de la mayoría; es decir, quienes surfean olas, y no aquellos que las pretenden construir 

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