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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 20 de noviembre de 2015

Los problemas de convivencia en Medellín

Entre enero y octubre de 2015 se han producido en Medellín al menos 38.648 riñas, como reportó EL COLOMBIANO (10/11/2015), de acuerdo al SISC de la Alcaldía. El número de incidentes es algo menor al del mismo periodo del año pasado, pero señala la necesidad de abordar los problemas de convivencia que tiene la ciudad. La llegada del nuevo gobierno es una oportunidad para replantear la forma de abordar lo que Mockus denomina como la disposición a compartir o respetar los sueños de los demás: la convivencia.

La convivencia es un asunto de reglas, herramientas de resolución de controversias y contextos. Inicialmente, se puede pensar en estas tres apuestas para abordar los problemas de convivencia en la ciudad.

Así, lo primero es insistir en valores y visiones ciudadanas que promuevan la tolerancia y la igualdad entre vecinos y desconocidos. Antanas Mockus ha insistido mucho –creo yo que con razón- en que la tolerancia es la piedra angular de la convivencia y que esta se nutre en que todos los ciudadanos se consideren iguales entre ellos mismos. Es decir, que todos pensemos que las opciones alternativas de desarrollo personal de los otros pueden también ser válidas (siempre y cuando cumplan unos mínimos de legalidad y ética, por supuesto).

Segundo, educación para la resolución de controversias y conflictos; darles las herramientas a los ciudadanos para evitar la violencia. Porque en muchos casos la violencia sobresale a falta de opciones de parte de las personas en controversia para resolver esa tensión. Mejor dicho, que los ciudadanos podemos recurrir a la violencia cuando no contamos con otras herramientas para resolver un problema. Por eso es importante que los medellinenses cuenten con un buen repertorio de gestión de conflictos, tanto propios –el diálogo, la comunicación asertiva o la presión social- como externos, como Casas de Justicia, Comisarías de Familia y la atención oportuna de las autoridades de Policía.

Tercero, evitar que los contextos perversos delimiten las opciones de los ciudadanos, para esto la eficacia en los servicios públicos y la acción del Estado es clave. Las personas son más propensas a incumplir normas legales y sociales cuando el contexto en el que se encuentran los incentiva a hacerlo. Por ejemplo, a incumplir normas de tránsito cuando la movilidad está colapsada o cuando las delimitaciones de tránsito no son claras. De ahí la importancia de que los servicios públicos funcionen tan bien como sea posible y que la atención a los ciudadanos sea oportuna, eficiente y transparente.

Son solo algunas ideas, pero podrían guiar una aproximación más integral para mejorar la convivencia y que esas más de treinta mil riñas que se presentan en la ciudad –además de las otras afectaciones a la convivencia ciudadana- se sigan reduciendo.

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