Es una buena época para los avivatos en la política mundial. Para los que entienden que en las urnas se puede ganar si se confunde al elector, si se engaña con verdades a medias, si se generaliza y se estereotipa. Para personajes como Donald Trump en Estados Unidos o Boris Johnson en Inglaterra que, entre payasada y payasada, impulsan las velas de sus campañas con los vientos del miedo y el racismo.
Se aprovechan de sociedades perezosas mentalmente. Ciudadanos que quieren saberlo todo con el menor esfuerzo. Que pretenden entender los problemas de sus naciones en tuits de 140 caracteres o contextualizar sus vacíos históricos con videos de YouTube de cinco minutos. Ciudadanías que exigen mucho pero ofrecen poco en un tiempo de sobreoferta de información...