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Por Mariana Jaramillo Thomas* - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

Regenerar también

es rediseñar el poder

hace 1 hora
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  • Regenerar también es rediseñar el poder
  • Regenerar también es rediseñar el poder

Por Mariana Jaramillo Thomas* - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

No estamos frente a un escándalo. Estamos frente a un espejo.

Las instituciones no son entes aislados. Son reflejo de las creencias, miedos y lealtades que como sociedad decidimos tolerar. Cuando un caso como el de Epstein vuelve a la conversación pública, la reacción suele ser la misma: indignación, sorpresa, distancia. Como si se tratara de una anomalía.

Pero lo verdaderamente inquietante no es lo que hizo un individuo. Es cuántas personas sabían. Y cómo, durante años, nada cambió.

Cuando el poder permanece intacto después del escándalo, no estamos ante un error. Estamos ante una estructura.

Las instituciones no fallan por accidente. Funcionan según las creencias culturales que las sostienen.

Si una organización valora más la estabilidad, la reputación y el acceso al poder que la verdad incómoda, el silencio no es casual. Es coherente.

He pasado buena parte de mi vida profesional en espacios de alta dirección. Durante 17 años trabajé en el sector minero-energético, formando parte de comités ejecutivos y juntas. Fue una escuela de estrategia y liderazgo. Pero también fue una escuela sobre cómo reaccionan las estructuras cuando el poder se siente amenazado.

Aprendí algo incómodo: muchas decisiones no se toman desde la maldad, sino desde la protección del estatus. Desde el temor a la inestabilidad. Desde la necesidad de preservar influencia. En esos momentos, el silencio no es ausencia de información. Es un mecanismo de autoprotección del sistema.

Reducir estos casos a “manzanas podridas” nos tranquiliza. Nos permite creer que el problema es individual. Pero cuando la indignación pasa y el poder permanece intacto, no estamos ante olvido. Estamos ante lealtad estructural. Una lealtad que protege jerarquías, que resguarda reputaciones y que prioriza la estabilidad del sistema sobre su transformación.

Y aquí la conversación se vuelve más profunda. Hablamos mucho de regeneración: regenerar suelos, economías, ecosistemas. Pero casi no hablamos de regenerar estructuras de poder.

Regenerar implica revisar incentivos. Rediseñar culturas. Construir organizaciones donde cuestionar no sea traicionar, donde el cuidado de las personas esté por encima de la protección del poder y donde la verdad pese más que la reputación.

Si realmente queremos instituciones que no se sostengan a costa de las personas, no basta con reaccionar al escándalo. Tenemos que preguntarnos qué estamos cultivando en nuestras propias organizaciones: ¿Una cultura que protege reputaciones? ¿O una que cuida a las personas y al entorno, incluso cuando eso incomoda al poder?

Porque las instituciones no son ajenas a nosotros. Son nuestro reflejo. Y la regeneración empieza cuando decidimos cambiar aquello que el espejo nos devuelve.

*Socia Fundadora de In Pacta Consulting y miembro WIC.

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Por Mariana Jaramillo Thomas* - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

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