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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 04 de noviembre de 2021

Marujatón

Los hay que quieren bajar a la poeta manizaleña Marujita Vieira de su austera pensión de jubilación. Por eso propongo una Marujatón de ternura, amor, solidaridad, para acompañarla en el incómodo trance.

Nada de proponer algo equivalente a patear los códigos. Eso sí, me gustaría que algún coleccionista de prosas inútiles se robara el expediente.

Ojalá alguien cometa la obra de misericordia de esconderlo, o que el día de redactar una decisión en contra, el sistema tenga la amabilidad de caerse.

Le deseo una gripita, nada mortal, al encargado de redactar la resolución. Y que le den incapacidad por un semestre. Renovable.

En Colombia, donde brotan los duchos en prescripciones, tiene que haber un talento no fugado que haga algo sin patear los códigos para que Marujita siga recibiendo su irrisoria mesada de Cajanal de 1 millón 800 mil barras. Si se la quitan, quedaría solo con la de sueldo mínimo de Colpensiones.

Maruja, como la rebautizó Neruda, es capricornio como el Niño Jesús, que cumplirá dos mil y pico de años en diciembre. La poeta cumplirá ¡99 años!, ¡99!, el 25 del último mes.

De adulto, el Niño Jesús escribió una vez. Marujita ha escrito poesía para hacer más grato nuestro viaje a Ítaca.

Cuando era una audacia de 33 años, Jesús fue “el primer comunista”, en palabras de Gilberto Vieira, hermano de Marujita. Por su blasfemia, al eterno secretario general del Partido Comunista lo echaron del colegio en Manizales.

Y cuando votaron la ley que consagra el país al Corazón de Jesús, Vieira, con su pinta de activista del Opus Dei, votó a favor “porque no tengo nada contra el camarada Jesuscristo”.

Maruja y su hija y colega Ana Mercedes montaron página web en la que se puede leer al “gratín” su maná poético. También a través de la página del Banco de la República #BibliotecavirtualBR se puede guaquear en la obra que Maruja regaló. Nada de conjugar el prosaico verbo vender. (Bueno, si le toca, el Emisor puede convertir el regalo en venta).

Una vez la visité fugazmente en su casa tomada por los libros al lado del Hospital Militar. Un gato ronroneaba mientras caminaba sobre libros de poesía.

No tuve tiempo de pedirle detalles sobre cómo conoció a su esposo. Pero todo se supo: primero se encantó con los poemas que leyó de un tal José María Vivas.

El azar, que tiene más sensibilidad que los que quieren aguarle su espléndido ocaso, los juntó años después en una velada cultural en Cali: se conocieron y, en vez de abrasarse, la otra opción que propone san Pablo, se casaron.

El poeta Vivas, definido por su esposa como “el eslabón perdido entre el hombre y el arcángel”, dejó a su dama embarazada de Ana Mercedes y viajó al infinito. Ojalá los del más acá dejen de fregar con jota a la cuasi centenaria poeta 

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