Los presidentes de México y Estados Unidos deben creer que somos tontos, que no leemos las noticias o que por el simple hecho de repetir mentiras les vamos a creer. A los dos les encanta inventarse una versión muy distinta de la realidad con el objetivo de proteger su reputación y, con suerte, subir sus niveles de aprobación.
Pero no se dan cuenta que esa burda estrategia de comunicación los presenta como demagogos y no funciona en una era de hiper-realidad (donde todo se sabe y nada se puede esconder en las redes sociales).
Tras el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en México, Enrique Peña Nieto prácticamente desapareció del mapa. El presidente electo, de prisa y con un claro sentido de urgencia, dominó la agenda del país y los titulares...