<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 22 de febrero de 2020

Mataron a Miguel Ángel

A Miguel Ángel le gustaba que le dijeran la Rata. Esta semana fue asesinado en las calles de la Comuna 13, solo tenía 16 años. No tenía ningún tipo de antecedente penal. Fue victima inocente de la estúpida guerra que se volvió a despertar entre dos combos. La única culpa de Miguel Ángel fue vivir en un territorio al que unos tontos decidieron declarar enemigo. Quizás su culpa fue también ser un referente positivo para muchos de sus compañeros. Porque Miguel Ángel, desde niño, desarrolló su talento artístico en aquellos espacios de esperanza y resistencia a la violencia que son los procesos culturales que marcan la vida de la Comuna 13, al igual que de muchas otras comunidades. Esta muerte es aún más trágica porque Miguel Ángel era una expresión de lo que llaman “entornos protectores”.

Desde sus primeros momentos, la vida de Miguel Ángel nunca fue fácil. Nació en un parto de riesgo por no estar en posición, y a su mamá Beatriz tuvieron que hacerle una cesárea cuando ya él había sacado los pies. Cuentan los familiares que nació moribundo y que solo el gran esfuerzo de los médicos le devolvió la vida. Los amigos lo describen como a un soñador, un niño que a pesar de que nunca la tuvo fácil no se le veía con la cabeza agachada o triste. “Él era el paño de lágrimas de muchos amigos. Les mostraba más caminos; era el consejero de más de uno, con el vivo ejemplo de siempre estar sonriendo”, cuenta su tío Nerón, quien fue también su mentor como artista urbano. De hecho, Miguel Ángel era un poeta, rapero, skater, reportero popular, consejero. Cuenta el tío, “era un joven noble que poco se preocupaba por lo material, pues a la hora de comprar regalos para navidad le decía a su mamá, ‘compre primero lo que necesita Yuliet (la hermana menor) y luego si alcanza, me da algo a mí’”. En Medellín parece que ser joven es un pecado, que amenaza las conservadoras tradiciones de lo que ha sido esta ciudad que llamamos la más innovadora, porque siempre nos estamos dando más sorpresas, lo malo es que son sorpresas que decepcionan, dice desconsolado el tío.

No se puede negar que la Medellín de hoy no es la misma de cuando yo vine por primera vez en el 2001. La ciudad ha protagonizado muchos cambios, gracias sobre todo a la resiliencia, la creatividad, la inteligencia y el liderazgo de iniciativas culturales y artísticas que han vuelto a darle un alma a la ciudad. De esto la ciudad puede estar orgullosa. Pero este mismo orgullo debería comprometer a la ciudad a dar un paso más allá. No es suficiente seguir diciendo que la ciudad cambió, porque todavía falta mucho. La ciudad entera tiene también que sentir vergüenza de que a estas alturas el matar sigue estando de moda. Si la ciudad sigue indiferente, pensando que la violencia es un fenómeno relegado solo a unos territorios, su orgullo es en realidad un irresponsable acto de negación.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

JAMES RODRÍGUEZ, FUTBOLISTA

Gobernación de Antioquia le agradeció donación para venteros ambulantes del estadio, sin trabajo.

$titulo

ANTONIO GUERRA DE LA ESPRIELLA

Puede ser sujeto de extinción de dominio por juicio en sobornos de Odebrecht en Colombia.