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Mazzucato en Bogotá

Enseñar mal es criminal porque puede traer consecuencias desastrosas para la comunidad donde el profesional mal formado ejercerá su actividad. Con Mariana Mazzucato, nueva estrella del firmamento de los economistas populares, cometieron un crimen de lesa economía, pero los desastres se están sintiendo, más que en su Italia natal, en Iberoamérica.

Los economistas populares entre los no economistas, especialmente entre los políticos, son extremadamente peligrosos. Absoluto desprecio por la teoría de la demanda y obstinada incomprensión del fenómeno del interés son características comunes a todos ellos. Es el caso de Veblen, Galbraith, Piketty y, claro, Mazzucato.

De 24 años, sin formación económica previa - es historiadora - en los noventa llega a la New School for Social Research de New York donde se doctora. Debió padecer allí la influencia de Anwar Shaikh, economista paquistaní, quien se autodefinía como “marxista fundamentalista”.

El fundamentalismo de Shaikh y Mazzucato consiste en la creencia sin fisuras en la validez de la teoría del valor trabajo, del primer libro de El Capital; teoría desechada por los economistas hace 150 años por su incapacidad de explicar aquello para lo cual se construye una teoría del valor: los precios relativos.

Mazzucato redescubre la plusvalía proclamando, como Marx, que el capital financiero no crea valor; se apropia del valor creado por el capital industrial. El interés es parte de la plusvalía y la plusvalía es producto de la explotación del trabajo por el capital industrial, se sigue, entonces, que, antes de la aparición del capitalismo industrial, no existe el interés.

En el Pentateuco, XIV siglo A.C., aparece el préstamo de dinero con intereses, los cuales no pueden cobrarse entre los miembros del pueblo elegido. Aristóteles, quien vivió en el siglo IV A.C., también condena el interés del dinero al que llama crematística.

En realidad, los prejuicios contra el interés, de Mazzucato y los economistas populares, proceden de Moisés y Aristóteles y, por increíble que parezca, los llevan a creer que la compleja economía de nuestra época habría sido posible sin el desarrollo de la banca y el mercado de capitales. Nadie le enseñó que, como cualquier actividad, los bancos existen porque la gente necesita y demanda sus servicios.

De Mazzucato sacó Petro la absurda idea de que solo hay “creación” de valor en la industria y la agricultura, un poquito en el comercio, nada en las finanzas y tampoco en los servicios. El lío es que Petro es el presidente y sus delirios tienen consecuencias nefastas en la política pública y la actuación del gobierno.

Apóstol del evangelio igualitarista, cuya cruzada está enfocada contra el sector financiero - vampiro que extrae valor del sector productivo, obstaculizando la inversión y aumentando la desigualdad – Mazzucato estará esta semana en Bogotá, invitada por la Asociación Bancaria, hablando ex – cátedra para los economistas del régimen. Astrónomos reunidos recibiendo las enseñanzas de una terraplanista.

Quizás no sea inútil recordar que Mazzucato y el ministro Ocampo hacen parte del equipo de expertos asesores del desastroso gobierno de Fernández en Argentina

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