Hace unos días tuve una de las experiencias más bonitas de mi vida: un amigo me invitó a conversar con unos muchachos de esta ciudad que amo, pero que a veces también odio por ser tan cruel, sobre todo con los jóvenes. Él me advirtió que no eran muchos: unos 150. Que hacían parte de un taller de periodismo narrativo para contar a Medellín. Pensé: Ah, sí, ya comprendo: “Medellín, ciudad narrada”, como decíamos en el Club de Lectura John Reed en la Universidad de Antioquia.
Llegué un poco perdido y asustado. Los sábados por la mañana, cuando no amanezco escribiendo, me gusta más dormir que andar en talleres o “conversatorios”, como dicen ahora...
Apenas entré al teatro Pablo Tobón Uribe y los vi en medio de la penumbra, se me quitó el miedo. El...