Escribo a propósito de la oportuna campaña Medellín es más, que prosiguió El Colombiano en la edición de ayer domingo en la recordación del atentado terrorista de hace 31 años contra este periódico, del acto heroico del portero Gabriel Trespalacios que evitó una tragedia de mayores proporciones y de las circunstancias de peligro en que nos debatíamos los periodistas.
Todos estábamos amenazados. Éramos conscientes del riesgo tremendo de hacer periodismo de valores y de valor, periodismo de verdad, en aquella época tenebrosa. Sentíamos la misma impotencia de cualquier ciudadano cuando rondaba el terror. Cada mañana al salir de casa no era fácil apartar la corazonada de que podría ser la última despedida de la familia. No teníamos certidumbre de que volveríamos en la noche.
En medio del turbión de los hechos acabábamos por desdeñar las presiones y amenazas, los rumores y temores, reducir el efecto de las llamadas telefónicas intimidatorias a la Redacción y fortalecer el sentido del deber apasionante de preparar otra edición con la cual cumpliéramos el compromiso de responderles a los lectores las interpelaciones para tratar de comprender los porqués y las absurdidades de una ciudad querida y desconcertante.
Los periodistas éramos objetivos de un modo siniestro y hasta entonces desconocido de atentado contra la libertad, la integridad y la vida. Éramos víctimas potenciales de una forma de censura antiinstitucional que apenas empezábamos a conocer. El Estado era casi tan impotente como nosotros, hombres comunes de la calle, pero resueltos a no ceder ni un gramo de independencia. “De lo único que me da miedo es de que me dé miedo”, era consigna que repetíamos como síntesis de coraje en aquellos días y noches de zozobra y pesadilla.
Y a pesar de la amnesia de algunos historiadores, entonces aprendimos a construir entre todos un modelo de periodismo al servicio de la gente de nuestra ciudad y nuestra región, espejo de ellas, mediante la consulta de la experiencia, el análisis de los complejísimos procesos sociales y la indagación pertinaz y obsesiva de sus causas y consecuencias o el pronóstico sobre posibles escenarios y situaciones adventicias.
La campaña periodística Medellín es más propone “un examen al pasado que permita retomar valores de integridad y firmeza que ninguna sociedad puede extraviar ni en los peores momentos de su historia”. Hoy afrontamos otras formas de maquinación oculta contra las libertades, de riesgo profesional por informar y formar opinión. Con todo, en cada amanecer queremos comenzar una nueva jornada de esperanza en que seremos capaces de aprender las lecciones contundentes de aquel pasado, para convivir como seres civilizados, y en que en la ciudad de luces y sombras de siempre no se repetirán aquellos tiempos de barbarie. Medellín es más, mucho más.