Todo parecía que iba a cambiar en México. Peña Nieto se enfrentó a los tótems más poderosos de esa sociedad. Le creó a Pemex competencia privada y enfrentó al poderoso sindicato de educadores. Sometió a Carlos Slim. Expidió normas para iniciar el desmonte de su monopolio de comunicaciones interviniendo en forma audaz con medidas extremas para limitar su capacidad de debilitar financieramente a sus rivales. Las medidas que han adoptado las utoridades colombianas con ese mismo propósito palidecen en comparación con lo que se ha conseguido en México y son comparativamente inocuas, a pesar de que Slim no detenta aquí tanto poder.
A todo el mundo sorprendió que el presidente que aparentemente lidera el regreso del PRI tuviera el respaldo para desmontar...