Se cumplieron este mes diez años del atentado que casi acaba con la vida del técnico Luis Fernando Montoya. Atentado que detuvo el rápido ascenso en su carrera y en el pico más alto, pero que no acabó con su ejemplar amor por la vida.
¡Qué golpe tan duro fue enterarnos del balazo que recibió Luis Fernando por defender a su esposa de un asalto!
A diario los medios nos iban informado sobre su estado de salud. Temíamos que el desenlace fuera el de su muerte. Opción que parecía la más probable según decían los médicos. Hasta que un día conocimos el diagnóstico final: estaba fuera de peligro, pero tendría que permanecer conectado para siempre a un ventilador mecánico y a un marcapasos diafragmático. Difícilmente podría recuperar el habla y no podría...