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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado el 16 de noviembre de 2021

Nicaragua sepulta su esperanza

Con la pantomima electoral consumada, Daniel Ortega selló el destino de Nicaragua para los próximos años. Inquieto por las fisuras que en los últimos tiempos había mostrado su mandato, el exguerrillero sandinista decidió acelerar su autoritarismo, silenciar a periodistas y encarcelar a opositores. De forma meticulosa confeccionó un proceso de voto a su medida, con los organismos de control nacionales coaccionados, y, finalmente, con cifras infladas de su propio teatro electoral declaró su triunfo el pasado 7 de noviembre. Solo le aplaudieron sus acólitos y un par de desubicados geopolíticos del hemisferio. Ahora, sin contrapesos ni políticos críticos, Ortega se dispone a sentarse eternamente en la silla del reyezuelo.

Las imágenes de protestas callejeras del 2018, que lo tuvieron contra las cuerdas, parecen lejanas. Para entonces Ortega estuvo cerca de dejar el poder. Fueron sus horas más bajas. Sin embargo, el gobierno tenía dos opciones: la concertación o la represión. Y escogió la segunda. Azuzado por la primera dama y vicepresidenta Rosario Murillo, simuló una mesa de diálogo que sirvió para marcar a los contrarios y luego los atacó sin piedad. Todos eran traidores a la patria. Todos merecían la cárcel o el exilio. Y a partir de allí, por físico pánico, el pueblo prefirió refugiarse y dejar que el presidente sellara las rendijas que podrían agrietar su proyecto.

Lo que viene ahora es la consolidación de un mandato dictatorial. Los últimos meses del país centroamericano han sido un infierno. Lo señala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) y lo ratifica la ONU. Lo detallan organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch. Nicaragua, desde hace al menos dos años, malvive sin libertades entre el miedo, la censura y la represión.

Hoy, las posibilidades para que Daniel Ortega y su esposa dejen el poder son pocas. El golpe a la institucionalidad dado en las falsas urnas terminó por darle a la pareja su quinta presidencia y tanto sus formas como sus acciones dejan claro que no están dispuestos a ceder la silla ejecutiva. Su discurso es el único válido y todo aquel que ose levantar la mano será aplastado. El mandato del exguerrillero será eterno para consolidar así la tragedia nicaragüense en la que unos rebeldes que prometieron derrotar la tiranía consolidaron, con el pasar de los años, su propia dinastía despótica 

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