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Mauricio Perfetti del Corral
Columnista

Mauricio Perfetti del Corral

Publicado el 10 de marzo de 2022

No hay guerras justas, pero sí inhumanas

Pensábamos que la pandemia y sus efectos devastadores iban a contribuir a hacernos mejores seres humanos, mejores como sociedad. La invasión y brutal ataque de la Rusia de Putin a Ucrania señala que no es así, que estábamos equivocados. Así como la humanidad tiene esa extraordinaria facultad de inventar vacunas para salvar vidas, también posee la capacidad de destrucción de las armas y la guerra.

Hace veinte años se planteó la idea de guerras justas (Walzer, 2001). El expresidente y nobel de paz Barack Obama retomó dicho concepto y en su discurso al recibir el mencionado premio dijo que algunas veces la guera es necesaria. porque una guerra justa podría conducir a una paz justa (BBC, 2009) y, añadió, “habrá momentos en los que nuestras naciones encontrarán el uso de la fuerza no solo necesario, sino moralmente justificado”, pues frente a la existencia “del mal en el mundo” el pacifismo no puede llevar a renunciar “al deber de todo gobernante de defender a su país y a sus compatriotas” (El País, 2009). Esa manera selectiva de justificar la guerra según quien la haga y con qué propósito (la libertad, la religión, el partido central, el nacionalismo, etc.) contraría una visión más humanista y, sobre todo, más coherente que exige este mundo actual de pandemia prolongada y efectos desastrosos. Al fin y al cabo, humanistas como Todorov (2011) ya habían planteado, con cierto escepticismo: “no hay guerras limpias, ni siquiera guerras justas, solo guerras inevitables”, y el mismo Obama en su discurso proclamó: “no importa cuán justificada esté, la guerra siempre es una promesa de tragedia humana”.

No cabe duda de la destrucción, muerte, desplazamiento de población civil y severos efectos económicos que deja la guerra. En tan solo trece días, la invasión rusa deja más de 1,3 millones de refugiados de Ucrania, muchos muertos (difícil de determinar, según El País, marzo 7, 2022), petróleo cerca de 130 dólares el barril e industrias, como la de vehículos, seriamente afectadas. Ese precio del petróleo aquejará el bolsillo de los más pobres, campesinos y productores agrícolas colombianos. Por eso esta nueva guerra debe conllevar a dos reflexiones: la urgencia de replantear el sistema multilateral que rige hoy el mundo, incapaz de contener guerras e invasiones, pues fue creado para una realidad que ya no existe (bipolaridad y Guerra Fría); y, sobre todo, la necesidad de ampliar la visión de un mundo con mayor coherencia y más humanismo.

Lo anterior lleva también a una reflexión final, Colombia no ha sido ajena al conflicto ni a la guerra y, por tanto, a desplazamiento, muertes, desapariciones y mutilados; por eso es menester este domingo votar bien, a consciencia, por un Congreso y un candidato o candidata de las coaliciones que sean capaces de acometer las reformas que se requieren para retomar una senda de desarrollo sostenible en paz, que genere más empleo y más oportunidades para los más pobres, jóvenes y mujeres 

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