El principal enemigo a derrotar en una sociedad es la indiferencia. Esta es tan antigua, que en Egipto el faraón Pepy II ordenaba que le untaran miel a algunos esclavos desnudos para que los insectos los picaran a ellos y no a él. Demás que mucha gente horrorizada veía la escena, pero nunca hicieron nada para impedirlo. Como dijo Martin Luther King, “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.
Aquella reflexión sí que vale la pena hacerla en nuestro país por estos días. Sobran los inquisidores sobre los escándalos de corrupción, que no los voy a defender, porque son indefendibles. En todos los tintos y reuniones de conversación, sobran las ideas para arreglar el mundo y cambiar el país.
Entonces: ¿Dónde...