No tengo tiempo. No tengo tiempo. No tengo tiempo. La letanía con que justifico el atropellamiento en que vivo. Indica la urgencia de ordenar los medios de comunicación para no ser esclavo de ellos.
Tengo veinticuatro horas diarias para mis propósitos. Hacer pereza, comer, dormir, pasear, trabajar. La acción que realizo es decisión mía. En ella gasto mi tiempo.
No tengo tiempo. Un buen modo de engañarme, de mentirme. No tengo tiempo para lo que no quiero, pues siempre estoy haciendo algo, lo que me propongo, lo que quiero, lo que me obligan a hacer y lo acepto porque quiero, pues si no lo quiero, aunque me maten, no lo hago.
Tengo tiempo para lo que me interesa. Y no me engaño a mí mismo haciéndome creer lo que para mí no es verdad. Sé cuándo enmascaro...