El referendo para decidir la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea ha puesto de presente varias cosas. Que un puñado de demagogos puede obnubilar a una mayoría de la población. Que en un ambiente de alta emocionalidad, mucha gente –como en las fiestas– puede hacer lo que en el resto de sus días no haría. Que Aristóteles sigue teniendo razón al temerles a las mayorías ocasionales que pueden borrar de un plumazo la obra de las mayorías estables del pasado. Que las aventuras son costosas.
Por esa razón hace varios años (“Consejos al margen de la mesa”, El Colombiano, 12.09.12) me opuse a que hubiera injerencias externas en una negociación en la que el gobierno era el representante de la sociedad colombiana. El argumento era elemental:...