Ni la incipiente industria robótica sabe si revestirlos con forma humana o al menos humanoide, lo que sí saben es que esas máquinas deben actuar y tener una inteligencia lo más parecida a las personas.
Que satisfagan el test de Turing: que una persona no sepa si le respondió la máquina o un humano.
Hay avances sorprendentes. Hace poco veíamos robots que atendían en un restaurante. Y en esa búsqueda por crear nuevas formas, recibí una información de un cyborg: un robot parte máquina, parte animal construido con partes de un músculo de la boca de un piojo de mar.
No caben dudas que cada día serán más comunes en la vida humana. Incluso se hacen sondeos si servirían como pareja sexual a hombres y mujeres, algo todavía a unos años de ser realidad pero...