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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 02 de abril de 2019

Nostalgia por la sangre

55 años después del golpe de estado militar en Brasil, Jair Bolsonaro, el despreciable que ahora funge como presidente de la potencia suramericana, ha decidido homenajear a los que llevaron adelante la toma del poder. Dice que fue una época de gloria. La añora. Pasa por alto los cientos de asesinatos, los desaparecidos, los miles y miles de torturados, las épocas oscuras de terror y censura que trajeron los uniformados de ese entonces. Lo dice y sonríe, porque sabe que en este mundo torcido ahora se aplauden las añoranzas negras. Por eso le festejaron sus vítores por Alfredo Stroessner en Paraguay o su simpatía implícita con la era pinochetista en Chile.

Podríamos decir que todo esto no es más que un espejo de terror para nosotros -colombianos- que aún vemos a Brasil y a sus líderes como parte de una potencia demasiado poderosa y lejana, a pesar de la frontera compartida. Podríamos verlo como un discurso radical más en este tiempo de oscurantismo que toma vuelo en el mundo.

Pero no. Lo aterrador es cómo los alaridos de Bolsonaro encuentran eco amplio en buena parte de esta sociedad nuestra, enferma, hipnotizada por la venganza y la idea de que los muertos a bala por algo están muertos y algo debían. Es ese grupo de políticos de extrema derecha y ciudadanos que los siguen que ven a la violencia de Estado como algo permitido. Como la forma de lograr sus objetivos.

Un sector amplio de colombianos, que incluye a algunos de los que ahora nos gobiernan, cree en contravía de toda lógica y toda historia y toda tragedia sufrida, que Trump y Netanyahu y Uribe y Bolsonaro, representan un paso adelante y que, si en algún momento el Estado se desvía de su propósito, bien vale la pena soportarlo por los frutos de orden y progreso que nos trae.

Muy pocos niegan que Jair Bolsonaro es un bocón. Un gritón incómodo que no mantiene las debidas posturas y que en ocasiones se pasa de revoluciones. Lo que se hace cada vez más evidente es que dice lo que otros piensan, pero callan. Que es la voz de una derecha vengativa y violenta que no se apena de reconocer su nostalgia por la sangre.

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