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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 10 de diciembre de 2019

Nuevos aires Argentina

El peronista Alberto Fernández recibirá hoy la banda presidencial argentina de Mauricio Macri. El mandatario saliente deja la Casa Rosada sin poder revalidar su mandato, con una economía colapsada y un aparato social estatal destruido.

En el 2015, al asumir, Macri parecía dispuesto a un gobierno de ocho años y una inmensa mayoría creía que podía lograrlo. El peronismo kirchnerista estaba noqueado ante las denuncias por corrupción contra el gobierno de Cristina Fernández y no había una alternativa de oposición lo suficientemente fuerte para detener a la derecha. Era tanta la euforia del momento que, recién posesionado, Macri prometió lograr la cifra de cero pobres y exigió que, al final, se le juzgara por qué tan cerca se estuviera de la meta. Hoy, según cifras de organismos estatales, más del 40 por ciento de los argentinos vive bajo la línea de la pobreza: con el rasero que él mismo se impuso, la presidencia que termina puede ser etiquetada como un rotundo fracaso.

Ahora empieza otra era. El peronismo regresa al poder con Alberto Fernández, un viejo conocido que fue jefe de gabinete de Néstor Kirchner entre el 2003 y el 2008, y que promete dar un timonazo radical, tras decretar la muerte de las ideas de liberalismo económico de su antecesor. Acusado de estar a la sombra de Cristina Fernández de Kirchner -que además es su vicepresidenta- el nuevo gobernante ha dado signos de independencia que algunos consideran valiosos, como el nombramiento en su gabinete de algunos críticos de Cristina en el pasado, o acercamientos a gobernadores que no se sintieron cómodos con la pareja Kirchner.

Y aunque en el país se sienten nuevos aires, el presidente Fernández bajó las expectativas. Dijo que 2020 será igual de complejo que los años recientes. Que, aunque promete su mejor esfuerzo, la herencia que recibió es de “tierra arrasada”, una deuda con el FMI impagable, una devaluación récord y una inflación superior a los 50 puntos.

Sin embargo, quizá igual de problemática que la administración de la economía será la de la política. El gran reto de Fernández será su manejo del kirchnerismo. “Con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede”, fue la famosa frase de campaña que lo llevó al triunfo. Parece que en el gobierno será un mantra que tendrá que repetir varias veces.

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