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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 03 de agosto de 2019

“Número 44070: Edith Stein...”

El pasado sábado estuvo dedicada esta columna al fraile carmelita holandés beato Tito Brandsma, martirizado por los nazis el 26 de julio de 1942 en el campo de concentración de Dachau, víctima de una inyección letal. Quince días más tarde, el 9 de agosto de ese mismo año, en los hornos de gas de Auschwits fue asesinada Edith Stein, monja carmelita alemana judía convertida del ateísmo al catolicismo y deportada también desde Holanda por esos mismos días.

En la lista de las víctimas del terrorífico campo de Auschwits quedó registrado un número y un nombre: “44070: Edith Hedwig Stein. Nacida en Breslaw el 12 de octubre de 1891. Muerte el 9 de agosto de 1942”. Murió junto con su hermana Rosa, con la que había sido arrestada cuando la Gestapo empezó a perseguir en Holanda a católicos de origen judío como reacción a la carta del episcopado holandés contra el exterminio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. La anotación de la muerte y su número de registro entre los asesinados de Auschwitz. ese 9 de agosto de 1942, fue encontrada apenas en 1950.

El recuerdo y memoria del fraile periodista holandés Tito Brandsma y de la monja filósofa alemana Edith Stein adquieren actualidad, a mi juicio, porque es un hecho que en el horizonte amenaza con levantar otra vez la cabeza el monstruo de los totalitarismos: nazismo, estalinismo, fascismo, comunismo y demás ismos que atentan contra la paz, los derechos humanos, la dignidad del hombre.

Santa Edith Stein nació en Breslavia (Breslaw, en Polonia después de la guerra) en 1891 en una familia judía de 11 hermanos. Fue la primera mujer que en Alemania consiguió el doctorado en Filosofía y se desempeñó como asistente de cátedra de Husserl, padre de la Fenomenología. Alternó en el ambiente intelectual de su época con Heidegger y Scheller, entre otros. Sus estudios filosóficos la hunden en el ateísmo, pero sus búsquedas la llevan el catolicismo y tras leer la autografía de Santa Teresa se convierte y es bautizada en 1922.

El hecho de ser judía le impide desempeñarse como profesora universitaria. Se dedica a escribir y a dictar conferencia por toda Alemania, abanderada de un acendrado feminismo. En 1933, a los 42 años, entra al convento carmelita de Cologne con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Enfrentada al régimen de Hitler por su condición de judía y por sus convicciones ideológicas, pasa a Holanda en 1939. No logra escapar. El 2 de agosto de 1942, sacada del convento de Echt por los esbirros de la S.S, inició su viacrucis que concluyó en Auschwitz. Juan Pablo II la canonizó en 1998.

Que los dos santos carmelitas, de quienes hemos hablado, nos ayuden a conjurar el fantasma de los totalitarismos. Tal vez estemos a tiempo.

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