“Justiciero, apagá el fuego en el cenicero, no existe honor en el acero, ¿Quién va a clavar tu cruz en el suelo, papito?”. Justiciero de Bajo Tierra.
Yo heredé esta guerra antes de nacer. Me venían sus perturbaciones en la sangre. A mi papá, un hombre bueno y justo, le tocó vivir el bogotazo como estudiante. Conoció los horrores de una ciudad sitiada. Vivió y eventualmente murió en un país sin paz. Para mí, la guerra siempre ha estado ahí, en todas sus formas. Recuerdo el aturdimiento de mi viejo cuando se tomaron el Palacio de Justicia. A él todas las violencias de este país lo avergonzaban. “Este es un paisito”, decía, en diminutivo, ofendido, porque no teníamos la grandeza para superar nuestras diferencias y conflictos. El día que mataron...