Da delicia leer el evangelio por la fascinante imaginación creadora de Jesús, es digna de toda admiración por la facilidad con que lleva del miedo a la alegría, el sentido de la fascinación.
Hacer fotografías verbales de la realidad es el arte espontáneo de su fantasía. Sus palabras son prodigiosas máquinas fotográficas de la vida real de incomparable precisión. Son eso las parábolas.
Jesús se pasa las horas puliendo la mirada. Escenifica por igual las cosas que se pierden. Una oveja, una moneda, un hijo. No se detiene en lo perdido. Su interés va a la alegría del encuentro. Del pastor con la oveja, de la mujer con la moneda, del papá con el hijo. Sublime relación de amor, intensamente arrobadora.
Del corazón salta por todas partes la alegría...