Una película es más que la historia que cuenta. Esta historia está atada al guión que ha de cuidar la coherencia, la claridad sobre la índole de los personajes y la satisfacción final de las expectativas creadas en los asistentes.
En ocasiones una cinta incumple estos requisitos. No por eso fracasa. Es cierto que una buena narración obliga a los espectadores a completar en sus mentes los baches que intencionalmente deja el autor. ¿Pero qué sucede cuando el centro de la atención se desplaza, del argumento a la atmósfera?
El argumento sigue funcionando como acicate para la atención, como potente atractivo para mantener el interés y la curiosidad. Al fin y al cabo, vamos a cine para que nos cuenten de modo apretado y fulgurante cómo funciona la larga...