La casa
Recientemente debí cambiarme de casa. Tuve un mes para buscar con calma un nuevo espacio dónde acomodar mis libros y mis amaneceres. La búsqueda se extendió con precisión hasta la última semana. Cuando ya me disponía a pedir una prórroga, encontré un apartamento que me gustó, paradójicamente quedaba en un cuarto piso con vista al occidente, como el anterior, la única diferencia era que del nuevo apartamento podía ver al fondo la ciudad, tan bonita, tan cruel. Lo que más me gustó de la casa fue un enorme árbol sembrado debajo de mi ventana. Al observarlo, me daba la impresión de que estaba lleno de repollos pendidos, verdes. Ahora, cada que me asomo al balcón, me dan muchas ganas de comer ensalada de coles y repollo.
Me gusta este nuevo...