Por LUIS RODOLFO ARROYAVE V.
Cuando en estas noches medellinenses despierto agitado al retumbar de las ventanas y cristales de mi casa por el paso de motocicletas sin mofle, o con sus tubos de escape modificados de tal forma que generen el máximo ruido posible, me pregunto en mi desvelo qué cosas pasarán por los pequeños y vacíos cerebros de esos pobres tipos que salen al filo de la medianoche a causar el mayor bullicio posible. Los imagino disfrutando el solo hecho de perturbar a los demás, igual que hacen los sádicos. Seguramente colman sus aspiraciones vitales con eso. El estruendo que generan es directamente proporcional a su falta de inteligencia afectiva y a su nulo sentido de vida en comunidad.
Y ya en el día, y también en horas de la...