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Rafael Nieto Loaiza
Columnista

Rafael Nieto Loaiza

Publicado el 01 de febrero de 2015

PÉSIMA IDEA

“Pensando en el postconflicto, la gendarmería francesa es un modelo que para nosotros puede ser importante”, dijo Santos. Un día después, sobre la posibilidad de que en esa gendarmería hubiesen desmovilizados, agregó que “no lo descarto, bien puede negociarse con la contraparte algo en ese sentido”. Más adelante añadió que él también “ha pensado que, por ejemplo, los desmovilizados puedan ser guardabosques... bajo el control y dominio de la Policía”.

Las declaraciones del Presidente generaron diversas reacciones, entre ellas la del Procurador, quien sugirió que se estaba negociando la estructura de la fuerza pública en La Habana. Santos sostuvo que la postura del Procurador era “mal intencionada”, “perversa” y “malévola” y la de los “enemigos de la paz”.

Varias conclusiones pueden extraerse de la discusión. La primera, que Santos persiste tanto en su actitud intolerante con los críticos de sus políticas y en descalificarlos como “enemigos de la paz”, como en despacharlos con toda clase de epítetos. El Presidente trata con guantes de seda y delicadeza a las Farc y con mano dura y grosería a sus contradictores democráticos.

Dos, de un tiempo para acá Santos lanza globitos con sus ideas. Esa actitud es particularmente riesgosa en temas de la paz, porque en la discusión de los “globitos” se profundiza la polarización política que ya existe sobre el proceso de La Habana. Además, da la impresión de que improvisa en la que es la materia más importante de su gobierno.

Tres, más allá de lo formal, el asunto es muy serio. Si bien es cierto que en la mesa no se está discutiendo la estructura de las Fuerzas Militares y la Policía, las declaraciones de Santos indican que sí está abierto a hacerlo. Es decir, el comandante en jefe de la Fuerza Pública, aunque todavía no lo ha hecho, está dispuesto a sentarse con los criminales de las Farc a negociar la Fuerza Pública y la incorporación en ella de desmovilizados de la guerrilla.

Cuarto, más allá de lo éticamente reprochable de la disposición presidencial a negociar semejante asunto, la idea es equivocada por al menos las siguientes razones: A. Uno de los elementos más importantes que nos permitió superar con éxito la agresión de narcos y guerrilla fue precisamente la existencia de una Policía nacional única (al contrario, México no podrá arreglar nunca su problema de violencia e infiltración del narco hasta que no elimine las policías municipales y estaduales). B. La historia colombiana muestra que la Policía nacional, única y profesional, fue fundamental para superar su politización y su uso violento contra los opositores (Santos necesita unas lecciones sobre la violencia de la primera mitad del siglo XX y la participación en ella de las policías rurales). C. Colombia no es Guatemala o El Salvador, donde se disolvieron los cuerpos de seguridad previos a los acuerdos de paz y se integraron desmovilizados en las nuevas instituciones policiales. Acá no hay guerra civil, las Farc no representan a nadie, no hay simetría moral entre la Fuerza Pública y quienes acuden al terror y al narcotráfico, los antecedentes de terrorismo, crímenes internacionales y agresiones constantes a los civiles inhabilitan a los desmovilizados para pasar de victimarios a asumir la tarea de proteger a los ciudadanos, y no tendrían la confianza ciudadana para cumplir semejantes tareas. D. La propuesta socava aun más la confianza de la Fuerza Pública en su presidente, mina su moral y agudiza la inseguridad que hoy sienten sus miembros. E. Introducir desmovilizados de la guerrilla en la Policía o en un nuevo cuerpo policial podría ser aprovechado por las Farc, que no han renunciado a tomarse el poder por “cualquiera de los medios de lucha”, para hacer política, para intimidar a sus opositores en las áreas rurales, y para hacer inteligencia.

Por último, no sobraría que el Presidente recuerde que, para la inmensa mayoría de la población, la sola idea de que los terroristas sean después policías genera repulsión y físico miedo.

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