Por CICERÓN FLÓREZ MOYAredaccion@elcolombiano.com.co
Una de las fortalezas de la justicia es la certeza. Las imputaciones y las decisiones que se tomen deben estar sustentadas en pruebas rigurosas y no deleznables. Los prejuicios, los falsos testigos y las intencionales distorsiones con finalidades dañinas, llevan a desvíos muchas veces irreparables y que afectan la libertad, el buen nombre, el patrimonio y la estabilidad de quien es sometido a ese proceso negativo.
Por eso, quien tiene la función de administrar o impartir justicia debe ser persona de reconocido temple moral, sin sujeción a cualquier conflicto de interés particular, ajena siempre a parcialidades. Solo así se garantiza rectitud, ponderación y transparencia.
En Colombia, como se...