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Plantas y cambio de conciencia

El libro de Pollan busca ayudarnos a entender mejor que cuando estudiamos las plantas y les permitimos que cambien nuestra mente nos relacionamos con la naturaleza de la forma más profunda posible.

12 de enero de 2024
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  • Plantas y cambio de conciencia
  • Plantas y cambio de conciencia

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Los libros de Michael Pollan son como novelas apasionantes, resulta casi imposible detenerse ante sus hipótesis, el ritmo, los datos, las anécdotas que terminan por armar una estructura perfecta sin importar si habla de cocina y hábitos alimenticios, cambios de la mente o Tu mente bajo los efectos de las plantas, que es como se titula su libro más reciente, un recorrido fantástico, experimental y crítico por el opio, la cafeína y la mescalina.

Pollan parte de algo, ¿qué es exactamente una droga? ¿La sopa de pollo es una droga? ¿Qué pasa con el azúcar? ¿Y los edulcorantes artificiales? Si definimos una droga simplemente como una sustancia que, tras ingerirla, produce algún cambio en el cuerpo o en la mente (o en ambos), entonces todas las sustancias mencionadas encajan en la definición. El asunto, como plantea el autor, se aclara un poco más cuando se agrega el adjetivo “ilegal”: una droga ilegal es cualquier cosa que un Gobierno decida que lo es. “No parece casualidad que las drogas ilegales sean casi exclusivamente las que tienen el poder de cambiar la conciencia”.

Y así empieza el viaje de este jardinero, como se hace llamar Pollan, que pasa por la visión histórica, antropológica, bioquímica, botánica y personal con el fin de ayudarnos a entender mejor que cuando estudiamos las plantas y les permitimos que cambien nuestra mente nos relacionamos con la naturaleza de la forma más profunda posible. “Si la imaginación humana tiene una historia natural, como debe ser, ¿puede haber alguna duda de que la química de las plantas ha ayudado a formarla?” Al igual que un alimento, una droga psicoactiva no es una mera sustancia - sin un cerebro humano, es inerte - sino una relación; se necesita tanto una molécula como una mente para que algo suceda.

El recorrido que hace es asombroso, solo dejo un dato adicional antes de que salgan a comprar este libro adictivo. Cuando el café llegó a Europa, no es una exageración decir que todo cambió: desde el comercio mundial hasta el imperialismo, la trata de esclavos, el lugar de trabajo, las ciencias, la política, las relaciones sociales, e incluso los ritmos de la prosa inglesa. Tanto fue así que, en su momento, Carlos II de Inglaterra, preocupado de que se urdieran complots en los cafés, concluyó que todos eran lugares peligrosos que fomentaban rebeliones y que la Corona debía reprimirlos. En 1675, el rey decidió cerrar los cafés, con el argumento de que los “informes falsos, maliciosos y escandalosos” que emanaban de ellos representaban una “perturbación de la tranquilidad y de la paz del reino”. Como tantos otros compuestos que pueden modificar las cualidades de la conciencia, dice Pollan, la cafeína se consideraba una amenaza al poder institucional, que se movió para suprimirla, como un presagio de futuras guerras contra las drogas. El final de esta historia es buenísimo, porque pone a prueba lo errático que resulta ser la prohibición, como pasa justo hoy con ciertas drogas, aún consideradas “ilegales” en el mundo. Como dijo Paracelso: “La dosis hace el veneno”.

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