No me cabe duda que una de las penas más duras de la vida es la decisión de terminar un matrimonio. Y por eso me parece absurdo que ahora se estén festejando los divorcios con una serie de celebraciones tan ostentosas y triviales como las que se acostumbra hacer para las despedidas de solteros.
Lo lamentable es que, mientras que las bodas son cada vez más espléndidas, los matrimonios son cada vez menos estables y satisfactorios.
Pero más deplorable aún es que un hecho tan lamentable como es la decisión de acabar con el compromiso que sellamos de “amarnos hasta que la muerte nos separe” ahora se conmemore como algo digno de agasajarse.
No sé si esto es una invención de la industria de la organización de eventos u otra de las frivolidades propias...