Para lograr una verdadera transformación, a Medellín le hace falta levedad. Sin levedad, la ciudad no puede librarse de los lastres que le impiden vivir la esperanza.
El alcalde antimafia de Palermo, Leoluca Orlando, mi mentor y amigo de casi treinta años, siempre me recuerda que el cambio necesita tanto de raíces como de alas. O sea, necesita identidad y una dimensión más amplia.
Porque la dimensión de la identidad por sí sola es un obstáculo hacia el futuro, dado que se niega a abrirse a lo que viene. Se niega a reconocer sus tabúes y transcender sus lados oscuros. Se condena a un eterno presente, donde no se hace memoria del pasado y donde no hay esperanza hacia el futuro.
Medellín, como lo fue Palermo, también parece atrapada por su identidad...