Pico y Placa Medellín
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Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.
Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co
Las marcadas diferencias entre los Planes de Ordenamiento de localidades vecinas confrontan con la realidad las pretensiones voluntaristas de los reguladores urbanos. En Medellín, Sabaneta y El Retiro operan tres POTs, una misma expansión metropolitana sin gobierno regional.
El crecimiento demográfico de Sabaneta y El Retiro durante los últimos catorce años evidencia que la expansión de Medellín ya no puede analizarse dentro de sus límites administrativos. Entre 2012 y 2026, Sabaneta pasó de 38.712 a 100.387 habitantes, un aumento de 159,3%. El Retiro, por su parte, creció de 11.574 a 20.546 habitantes, equivalente a 77,5%. Al tiempo, ambos municipios registraron un envejecimiento acelerado de su población. Estos datos reflejan una migración residencial metropolitana que los planes de ordenamiento territorial —POT y PBOT— no anticiparon ni gobernaron adecuadamente.
El POT de Medellín de 2014 adoptó una política de crecimiento hacia adentro, basada en la densificación, la renovación urbana y la protección de los bordes. En principio, esta estrategia podría reducir la ocupación de laderas y mejorar el aprovechamiento de la infraestructura existente. Sin embargo, el POT fue concebido como si la demanda de vivienda desapareciera al restringir la expansión urbana. En realidad, una parte de esa demanda se trasladó hacia municipios vecinos, especialmente hacia el sur del Valle de Aburrá y el Oriente antioqueño.
Sabaneta fue uno de los principales receptores de este desplazamiento. Su PBOT de 2009 permitió altos aprovechamientos inmobiliarios en un territorio reducido, favoreciendo la construcción masiva de edificios y unidades residenciales. El municipio absorbió decenas de miles de nuevos habitantes, pero las vías, el espacio público, los equipamientos y las redes de servicios no crecieron al mismo ritmo. La modificación de 2019 introdujo restricciones y mayores consideraciones ambientales, pero llegó cuando buena parte del suelo ya había sido licenciado o comprometido. Más que ordenar anticipadamente el crecimiento, intentó corregir tardíamente sus consecuencias.
El Retiro presenta una forma distinta de expansión. Su PBOT de 2013 habilitó el desarrollo de parcelaciones, condominios y vivienda de baja densidad en áreas rurales y suburbanas. Aunque las densidades autorizadas individualmente pueden parecer moderadas, su acumulación ha impulsado una urbanización dispersa, dependiente del automóvil y costosa en términos de infraestructura. El fuerte crecimiento registrado desde 2020 sugiere que el municipio se convirtió en destino de hogares procedentes del Valle de Aburrá que buscaban viviendas más amplias, entornos naturales y nuevas modalidades de trabajo a distancia.
El problema común de los tres instrumentos es su perspectiva municipal. Medellín restringe su expansión, Sabaneta recibe densificación vertical y El Retiro absorbe suburbanización campestre. Cada jurisdicción regula su territorio, pero ninguna responde integralmente por los efectos regionales: congestión, presión hídrica, fragmentación ambiental, demanda de colegios, atención en salud y servicios para una población cada vez más envejecida.
Los POT no causaron por sí solos la migración, pero determinaron dónde se localizó y bajo qué forma urbana se materializó. El resultado ha sido una metrópoli extendida sin una autoridad efectiva que coordine vivienda, movilidad y ambiente entre el Valle de Aburrá y el Oriente cercano. Mientras el ordenamiento continúe fragmentado entre municipios, la región seguirá construyendo vivienda sin resolver plenamente los costos colectivos asociados a su crecimiento. Mientras unos urbanistas escriben poemas en los POTs, la ciudad sigue su marcha.
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.