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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 08 de agosto de 2019

Primero lo básico

Ahora que recién empezó un nuevo semestre académico, pienso en aquellos estudiantes que llegan como si su paso por el colegio hubiera sido una pérdida de tiempo. Nada relevante les quedó en sus cabezas. Lo poco que leyeron apenas lo recuerdan, las ciencias exactas las pasaron por arte de magia y el conocimiento de la Historia se remonta a escasos meses pasados, a hechos efímeros que no saben cómo contextualizar. Capacidad de análisis: nula. Pasiones identificadas: confusas. Proyecto de vida: lo que el día a día depare sin mucha expectativa.

Ante este panorama, las universidades han tenido que empezar a replantear sus primeros semestres y las facultades se han vuelto una extensión del colegio. Ya se parte de que no saben leer, ni escribir, ni tampoco conocen la historia y el ciclo básico universitario poco a poco se extiende hasta el punto de que la “profesión” pasa a un segundo plano.

La educación básica está quedando en deuda con el futuro de las personas y los largos años que un estudiante debería dedicar a entender el mundo en el que vive no están sirviendo de nada, porque la mayoría de colegios no ayudan a descubrir ni a estimular ninguna de las competencias tempranas. El resultado de esto es catastrófico porque cuando están a punto de terminar el grado once muchos no saben qué hacer con sus vidas.

A estos problemas de la educación, podríamos sumarle el comportamiento hiperprotector de algunos padres que no dejan que sus hijos maduren: les hacen las vueltas de la universidad y los llevan de la mano a las entrevistas, les hacen las tareas y les reclaman a los profesores porque sacan malas notas. Con padres así, tenemos estudiantes de 20 años que se comportan como si tuvieran 10 y que podrían seguir actuando de la misma manera en un grado 12, 13 o 14 sencillamente porque no aprendieron nada de lo que significa la autonomía.

Una buena educación primaria y secundaria haría que los índices de desigualdad y de pobreza bajaran y las expectativas laborales, la conciencia crítica de los ciudadanos, el respeto por el otro, aumentaran. La educación más importante de todo ser humano es la educación básica y en eso deben concentrarse los esfuerzos del Estado. No se trata de tiempo ni de absurdas pruebas al finalizar cada ciclo, se trata de que los años que estudie una persona le sirvan para que aprenda intensamente hasta encontrar sus gustos y sus pasiones y de esa forma trace su destino. Un destino que muchos jóvenes en este momento tienen en vilo porque la educación en Colombia no ha sabido enseñarles lo fundamental.

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