x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Leer es olvido

No repasaba el libro leído, no escribía las frases memorables, simplemente me quedaba con lo que quisiera quedarse en mí.

hace 3 horas
bookmark
  • Leer es olvido

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Todavía me veo en mi adolescencia leyendo un libro con fruición y subrayando líneas que, pensaba yo, jamás debería olvidar porque podrían mantener viva una ilusión, ser un antídoto ante el desasosiego o eran despampanantes y quería compartirlas con alguien para terminar de comprenderlas. Todavía me veo por aquellos días terminando un libro y repasando en orden las frases subrayadas, página por página, como si fueran nuevos descubrimientos. Todavía me veo escribiendo algunas de esas frases en un cuaderno porque me negaba a que se esfumaran con el parpadeo del tiempo, con el simple acto de regresar el libro a su lugar. Todavía me veo leyendo las frases escritas en el cuaderno hasta grabármelas como se graba un poema para la vida entera. Recuerdo que me repetía algunas de ellas frente al espejo con diferentes tonos de voz. Todavía me veo, días después, intentando recordar el orden de las palabras, el sentido de la frase y ser incapaz de llegar de manera precisa al punto final. Todavía recuerdo lo mucho que en mi adolescencia olvidé sin pretenderlo, y me enojaba.

¿Qué me quedó de aquel tiempo donde era tan buen lector y olvidaba tanto? Muchísimas cosas, porque frustrado de intentar recordar de manera precisa algo, decidí no recordar nada. No repasaba el libro leído, no escribía las frases memorables, simplemente me quedaba con lo que quisiera quedarse en mí. Así dejé de sufrir y de vez en cuando, en alguna conversación, afloraba una frase que me daba pie para desarrollar una idea, o la presencia de un fragmento me llevaba a escribir una historia. Lo que terminó ocurriendo es que los libros dejaron de entrar en mí a la fuerza. Cada nueva lectura me ilusionaba, me generaba algo y luego, indiferente ante lo que iba a quedar, seguía viviendo sin angustia. Porque leer no es memorizar, leer es introducir una ilusión por los ojos o los oídos, fundirse en nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestra sangre, nuestra piel, para demostrarnos lo vulnerables que seguimos siendo como humanos.

Mi memoria no parte entonces de la textualidad, esa frustración instaurada en el colegio la dejé ir, en cierta medida, en la universidad, cuando entendí que muchas lecturas son como el popó de un pájaro cargado de semillas que cae en algún potrero y con el tiempo crece un bosque o un jardín, más o menos diverso. Todo lo que entra en nosotros cumple un pequeño papel, así no podamos nombrarlo.

Desde que aprendí esto, cada que vuelvo sobre un libro que leí hace mucho y veo que está subrayado y comentado, pero no recuerdo nada, o eso creo, ya no me agobia, porque sé que, de alguna manera, ese libro olvidado sembró algo en mí: hace que quiera seguir leyendo otros libros, lápiz en mano, con el único fin de sentir y comprenderlo todo, no me queda otra salida.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD