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Sara Jaramillo Klinkert
Columnista

Sara Jaramillo Klinkert

Publicado el 10 de marzo de 2022

Qué culpa tienen las rosas

Tengo desde el martes unas rosas pudriéndose dentro un jarrón y eso que, de mala gana, les puse un poco de agua. Después de todo, qué culpa tienen las rosas de que las sigan usando para felicitarnos por el Día de la Mujer. No puedo evitar pensar que si las mujeres necesitamos un día al año para visibilizarnos es porque, a lo mejor, todavía somos bastante invisibles los 364 días restantes. Justo por eso lo que pretendemos hacer cada 8M tiene mucho de protesta y poco de celebración. Necesitamos recordarle al mundo una verdad tan simple como esta: ¡existimos! Por si no se han dado cuenta, somos mayoría, estamos vivas, tenemos gustos, deseos, opiniones y una voz con la que seguiremos haciéndonos oír. El problema de volver comercial una fecha histórica estriba en que muchos de los que nos ignoran y pisotean todo el año aprovechan para hacer borrón y cuenta nueva a punta de flores, lo cual les da la tranquilidad mental para seguir actuando los demás días del año con la misma mezquindad de siempre. Me alegro por los restaurantes que llenaron mesas. Gracias por los chocolates. Les aseguro que a las flores no les faltará agua, aunque me temo que quien las regaló sigue sin entender el verdadero significado de la fecha.

Estamos cansadas de tener que agradar, de demostrar que somos las mujeres perfectas que solo existen en sus cabezas. Pues no. No lo somos y no queremos serlo. Realmente no nos interesa. Somos como somos, no como ustedes quieren que seamos. Estamos hartas de torturar nuestros cuerpos para encajar en tallas imposibles, de que midan nuestra inteligencia de acuerdo con el largo de nuestro pelo. Hartas, muy hartas de los tacones. Si son el símbolo de la feminidad, propongo derrocarlos. Y antes de que el primero diga que las piernas se nos ven muy estilizadas, quiero dejarle en claro que nos importa un pepino cómo se nos vean las piernas, solo nos importa saber que podemos usarlas para correr adonde nos dé la gana sin darle explicaciones a nadie. No queremos que nos otorguen cuotas de participación femenina en la política ni en los trabajos ni en nada porque somos perfectamente capaces de obtenerlas por nuestros propios medios, solo necesitamos que se quiten del medio tantos machos asustados de que una mujer evidencie que están allí no por ser precisamente competentes, sino por ser hombres.

A quienes insisten en celebrar(nos), no esperen los 8M. Todos los días son buenos para recibir flores. Buenos para respetar las decisiones que tomamos, escuchar nuestras opiniones, soltar las oportunidades que nos negaron. Todos los días son buenos para una invitación, un regalo, una simple charla en la cual nos miren a los ojos. Si lo analizan bien, no pedimos mucho; en realidad, no pedimos nada a lo que no tengamos derecho, tan solo que nos reconozcan y nos permitan la habitación propia que tanto reclamó Virginia Woolf. Un espacio para ser nosotras mismas y hacer lo que nos venga en gana sin miedo de ser juzgadas

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