De las cosas más difíciles en la vida es abrir un regalo navideño delante de quien te lo dio y descubrir en cuestión de nanosegundos que ni siquiera luego de un holocausto nuclear hipermasivo que hubiese destruido todo vestigio de la civilización, le encontrarías oficio o la probabilidad de que represente alguna satisfacción a: una réplica en arcilla del Cerro del Volador con una bandera del poderoso DIM, un destapador de gaseosa con apariencia antropomórfica de la cultura Quimbaya con una esmeralda plástica incrustada, o un libro de Juan Manuel Santos sobre cómo hacer “la paz” sin vender los principios y las leyes.
¿Qué hacer entonces? Si alguien sabe, cuente rapidito porque semejante conocimiento lo puede hacer absurdamente rico. Si solo por...